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13 octubre 2022

¡Escucha, escucha, es el Loco de la Colina!

Las noches de verano de principios de los ochenta no diferían mucho de las de ahora en cuanto a la temperatura. Si hablamos del ruido nocturno por las calles de Alanís, la cosa cambia... A falta de aires acondicionados, el escaso fresco que se ofrecía era el que podía entrar en la casa por los balcones abiertos toda la noche, con solo una cortina calada y con las persianas descolgadas por fuera de las barandas como barrera. A veces, hasta la cortina sobraba. Cuando se descorría, abríamos el paso al poco fresco que se movía sobre los adoquines y a todo tipo de insectos.