A Antoñín el de La Nati
—turbio y dorado— impregnando
mi escritorio, almazara de palabras
en sabatino albor de otoño.
Una foto en la pantalla
me llama a caminar las lomas
donde rompe sierra adentro
su oleaje de plata el olivar.
Sobre un centenario y nudoso
pie de olivo, recuesta la escalera
su olvido de castaño,
estrado de un maestro
en el arte de mimar,
preñar con abundancia la arboleda.
Fueron años de piqueta y tijeras,
crudo el invierno de aquellas cuadrillas.


